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Vuelos ultraligeros

Texto: Cristina Sáez Fotos: Sara Lázaro
Imagínate que un fin de semana a tu pareja y a ti os apetece hacer algo diferente y romanticón, cambiar de aires, probar cosas nuevas pero el presupuesto que tenéis es más ajustado. Os gustan los deportes aéreos, pero pensáis que son emociones demasiado fuertes para vosotros. Nada de puenting, ni de paracaidismo, ni de ala delta. Preferís algo más tranquilo, con lo que podáis disfrutar del deporte y de la naturaleza. ¿Habéis probado volar en un ultraligero?
Más fácil de manejar, imposible
Desde que el avión Spirit de Saint Louis atravesó el Atlántico, la aviación ha ido ganando cada vez más adeptos. Ya no es un deporte elitista, sólo para algunos privilegiados que podían permitirse ponerse al mando de una de estas aeronaves. Hoy en día, pilotar un ultraligero es un actividad al alcance de todos los bolsillos.
Además, lo fácil que resulta manejarla la convierten en una actividad apta para cualquiera. Los instrumentos de vuelo, a diferencia de una avioneta por ejemplo, son mucho más sencillos, e incorporan el sistema GPS como sistema de navegación; así pues, os podréis mover como pájaros en el aire sin necesidad de conocer el código morse ni otras técnicas necesarias para pilotar aviones.
Los ultraligeros se basan en los mismos criterios tanto técnicos como prácticos de la aviación tradicional, en aeronaves como las avionetas, por ejemplo. Pero en estas naves de peso pluma todo resulta mucho más sencillo, incluso su estructura. Hoy en día, los materiales que se utilizan son super ligeros, como por ejemplo el aluminio y el rip-stop.
Las razones por las que resulta mucho más sencillo son básicamente técnicas: en primer lugar, su motor es simple, de 2 ó 4 tiempos (también resulta mucho más fácil de reparar, si algún día se os estropea); cuesta mucho menos de mantener que una avioneta; y apenas os va a costar nada arrancarla (como en las películas, tendréis que empujar hacia abajo su hélice).
Para todos los bolsillos
La diversión no tiene por qué implicar un gran gasto. Uno de los aspectos más importantes de estos bichos voladores es lo económicos que resultan. Aprender a pilotar una nave, conseguir el título para poder llevar una, así como las licencias necesarias para poder pilotar no tienen nada que ver con los precios de la aviación clásica. Y esta simplificación de precios, de técnica e incluso de estructura también se deja notar en su manejo, que es mucho más sencillo.
Y por si todos estos argumentos acerca de la facilidad de manejo de los ultraligeros fueran pocos, gracias al uso de esquís o flotadores, ¡pueden despegar y aterrizar en cualquier sitio! Ya no te hará falta buscar una pista de aterrizaje.
Un ultraligero para cada piloto
La sencillez no está reñida con la variedad. Así pues, existen diversas modalidades de ultraligeros, uno para piloto o aficionado. Los hay de dos ejes, que llevan alerones para poder girar en el eje vertical y horizontal. Otros, en cambio, tienen tres, de manera que también pueden girar longitudinalmente. Y además de los ultraligeros de dos y tres ejes, están los “strikes”, también llamados pendulares; estos son como alas delta pero con motor, en los que para realizar alguna maniobra se desplaza el centro de gravedad.
No os olvidéis de llevar...
- Mono grueso o pantalones de montaña, para evitar el frío.
- Guantes.
- Gafas.
- Casco protector.
El tablero de mandos del ultraligero deberá ir equipado con un altímetro, un cuentarevoluciones (taquímetro), un anemómetro y un cuentahoras del motor. No estaría de más tampoco que llevarais algunos instrumentos complementarios, como una radio, una brújula, y un GPS.
Cuándo y dónde
El buen tiempo que suele hacer durante casi todo el año y la orografía de la Península hacen que deslizarse a través del cielo en un ultraligero sea una actividad atractiva durante casi todo el año. De hecho, vayas donde vayas, encontrarás un aeródromo para disfrutar de esta actividad. El gran número de clubes con ultraligeros que salpican toda la Península te lo pone fácil para aprender y alquilar el aparato.
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