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Vela: Viento en popa

Texto: Carles Murillo Fotos: Sara Lázaro
Disfrutad de la auténtica paz del mar
Navegando a bordo de un velero es la forma más idónea de aprovechar lo que realmente significa pasar un día, o los que hagan falta, en contacto con el mar. Es una excelente manera de evadirse y refugiarse de las multitudes que se acumulan en las playas de arena. De este modo evitaréis el incómodo contacto con el vecino, la engorrosa y fastidiosa arena, el bochorno producido por la masificación de un espacio sobre explotado. La densidad de la típica playa de arena se evapora y la sensación de agobio se reduce, el contraste de la inmensidad del mar con la singularidad de las personas es sublime.
Dos opciones bien claras
Si dentro de los integrantes de la familia hay niños, es muy aconsejable navegar bordeando la costa, escogiendo previamente una zona con muchas calas. De este modo, tanto los séniors como los júniors podrán disfrutar de aguas tranquilas y transparentes, a parte de contemplar vistas y paisajes desde una perspectiva singular y que nunca hubierais imaginado.
Los más pequeños aprovecharan mucho más el velero si estáis cerca de la costa. Fondear aguas poco profundas, nunca se sabe cuando se van a cansar de estar a bordo de la embarcación, es más aconsejable que lanzarse a mar abierto. De esta forma, los peques podrán pasárselo en grande nadando o tirándose sin parar desde arriba del barco. Hay que valorar el hecho que los peques son reacios a bañarse en alta mar, la ausencia de un fondo visible y de una costa condiciona los actitudes aventureras de los niños que muestran su respeto a las profundidades. Remarcar que los hijos se toman el hecho de ir al mar como un juego y prefieren bañarse y no para de jugar que permanecer horas a bordo de una embarcación sin poder hacer prácticamente nada.
A parte de las actividades citadas es posible comprar algunas herramientas para la pesca y tratar sacar algún premio del agua. Una sensación muy excitante para los más jóvenes. Si estos son algo intrépidos es posible cargar algunas gafas de buceo, anclar la embarcación y contemplar el fondo marino. Parece mentira pero cerca de las costas hay un increíble mundo subacuático que despertará los intereses de grandes y pequeños, solamente son necesarias unas gafas y un tubo respiratorio para estarse horas y horas observando infinidad de peces, algas, crustáceos...
Por el contrario, si los integrantes de la familia ya son mayores, podréis quedar apartados de la costa y disfrutar de todas las sensaciones en alta mar. En medio de la inmensidad de un desierto acuático, se pueden realizar los primeros tiros en navegación, pescar, tomar el sol, o bien descansar y despejar la mente de preocupaciones, que quedaran aliviadas y reducidas a la mínima expresión cuando entréis en contacto con el mar en toda su esencia.
Hay otra opción que es la de disfrutar de la navegación en mayúsculas. El arte de navegar es toda una ciencia que requiere conocimientos básicos que serán enseñados por el capitán de abordo. Conocer la dirección de los vientos, corrientes, sentir como las olas se parten al chocar con
Zarpando...
Lo mejor que podemos hacer si no se dispone de embarcación propia es alquilar un velero. A partir de aquí hay dos posibilidades. La primera es alquilarlo con patrón, si no se dispone de título, o en caso de posesión alquilarlo sin el patrón. La duración del alquiler irá en función de nuestras pretensiones, un día, dos, una semana...
Existen cuatro tipos de títulos: Capitán y Patrón de yate, Patrón de embarcaciones de recreo y Patrón de navegación básica.
Si se dispone del título de Capitán de yate no tendremos ningún problema en manejar cualquier embarcación, ya sea de motor o vela. Con esta titulación podremos alejarnos de la costa tantas millas como nos apetezca.
Con el título de Patrón de yate podremos gobernar embarcaciones de motor o motor y vela que nos sobrepasen los veinte metros de eslora. Con esta acreditación no es permitido alejarse más de seiscientas millas de la costa.
El Patrón de embarcaciones de Recreo está autorizado a llevar embarcaciones a motor, motor y vela que lleguen hasta los doce metros de eslora sin alejarse más de doce millas de la costa.
Finalmente, el Patrón para la Navegación Básica, podrá pilotar embarcaciones de recreo hasta los ocho metros de eslora, si son de vela, y seis si son de motor, sin poder alejarse más de cuatro millas de la costa.
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